La economía que viene, competir sin agotar el futuro
  • Ignacio Corlazzoli, gerente de Movilización de Recursos y Alianzas Globales de CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, trasladó a ESG Spain 2026 una mirada desde la región latinoamericana sobre cómo la transición hacia una economía baja en carbono no puede desligarse de los minerales críticos, las alianzas comerciales con Europa y el reto pendiente de fortalecer la gobernanza.

Corlazzoli arrancó situando el reto climático más urgente de la región en el fenómeno de El Niño, cuyo impacto se traduce en sequías en unas zonas e inundaciones en otras, evidenciando la vulnerabilidad climática de América Latina y el Caribe frente a fenómenos que escapan a su control directo. Sobre ese telón de fondo, introdujo un debate que, a su juicio, no está recibiendo suficiente atención: mientras se habla mucho de cómo la inteligencia artificial puede disparar el consumo energético, apenas se aborda el papel de los centros de datos que sostienen esa misma tecnología —una discusión que, defendió, debería ocupar un lugar más central en la agenda ESG global.

El directivo conectó esa transición digital con un recurso en el que América Latina tiene una posición dominante: la minería. La región concentra el 40% del cobre mundial —principalmente en Chile—, el 21% del zinc y el 19% del litio, repartido entre Chile, Argentina y Bolivia; a esto se suma que el 80% del niobio del planeta procede de Brasil. Para Corlazzoli, esta base de recursos críticos convierte a la región en un actor imprescindible para cualquier transición digital y energética a nivel global, aunque advirtió de que en América Latina y el Caribe todavía no se habla lo suficiente de ESG, lo que hace necesario impulsar alianzas que refuercen esa agenda desde dentro.

Es precisamente en ese contexto donde Corlazzoli situó a Europa como el socio natural de la región:

«En América Latina, Europa encuentra un socio reliable de confianza», afirmó, recordando que el 97% del PIB iberoamericano cuenta ya con algún acuerdo comercial con Europa —una cifra que, a su juicio, representa una oportunidad única desde la perspectiva ESG. Estos acuerdos, explicó, exigen a los productores y países de la región un nivel de transparencia cada vez mayor para poder acceder a un mercado más sofisticado y mejor pagado. Como ejemplo, citó el caso de Danone, una de las primeras compañías en pagar un sobreprecio a productores procedentes de la Amazonía, condicionado al cumplimiento de criterios ambientales y sociales concretos.

Ese mismo ejemplo sirvió a Corlazzoli para señalar dónde está, a su juicio, el verdadero cuello de botella de la agenda ESG en la región: la gobernanza. Mejorar la G, sostuvo, es indispensable para poder cumplir con las exigencias que impone Europa a través de estos acuerdos comerciales. El directivo recordó además que la propia terminología ESG ha atravesado momentos de escepticismo notable —incluyendo críticas de medios como The Economist, que llegó a cuestionar que estos criterios estuvieran correctamente definidos, en un momento en que incluso algunas empresas dudaban de qué debía incluirse bajo ese paraguas—.

Frente a ese escepticismo, Corlazzoli defendió la trayectoria propia de CAF, a la que definió como el banco verde y azul de América Latina. Gracias al impulso de países como España, explicó, la institución ha alcanzado que el 40% de sus proyectos sean verdes, lo que convierte a CAF en el único banco de desarrollo que opera en zonas emergentes de la región con una meta explícita de este tipo. El directivo detalló que, al impulsar proyectos de infraestructura orientados a dar valor añadido a los minerales extraídos junto con las comunidades locales, el banco acompaña y exige el cumplimiento de normativa ESG tanto en el ámbito público como en el privado. Cerró su intervención con una advertencia sobre el equilibrio necesario entre ambición y exigencia normativa:

«Como banco de desarrollo estamos con una meta muy ambiciosa de proyectos verdes, pero no debemos olvidar que conlleva trabajar con normativa ESG», concluyó Corlazzoli.

La intervención dejó una idea de fondo que conecta con el resto de la jornada: la competitividad y la sostenibilidad de Europa dependen, en buena medida, de alianzas sólidas con regiones como América Latina y el Caribe, capaces de aportar los recursos críticos que exige la transición, siempre que esa relación se construya sobre transparencia, gobernanza y confianza mutua.

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