El investigador principal del Real Instituto Elcano abrió su intervención situando el reto europeo en clave comparativa: solo los países con una colaboración sólida entre Estado y empresa privada son capaces de avanzar en el contexto geopolítico y tecnológico actual, y puso como ejemplo a Estados Unidos y China, dos potencias que —a su juicio— están progresando en esa dirección con mayor decisión que la Unión Europea. Para el investigador, esa asimetría no es solo una cuestión de recursos, sino de modelo: mientras esas dos economías han sabido articular estrategias conjuntas entre gobiernos y empresas en sectores clave, Europa continúa avanzando de forma más fragmentada.

En ese mismo marco, Otero Iglesias subrayó la creciente dependencia europea de la tecnología verde —paneles solares, baterías, componentes críticos para la transición energética— como un factor que refuerza la necesidad de leer los criterios ESG desde el ángulo de la competitividad y la seguridad estratégica, y no como una agenda aislada del resto de prioridades económicas del continente. Esta lectura conecta con un debate cada vez más presente en foros europeos: la seguridad de suministro y la autonomía industrial ya no se entienden como cuestiones separadas de la sostenibilidad, sino como parte del mismo reto.

El investigador se apoyó en el Informe Draghi sobre competitividad europea —el análisis encargado al expresidente del Banco Central Europeo que ha marcado buena parte del debate económico en Bruselas durante el último año— para desmontar la idea de que sostenibilidad y competitividad son objetivos contrapuestos:

«El informe Draghi es claro: no hay que elegir entre una cosa y la otra. La competitividad nos ayuda a la sostenibilidad», afirmó Otero Iglesias.

Con esta intervención, el Real Instituto Elcano trasladó a ESG Spain 2026 una idea que sobrevolará buena parte de la jornada: la sostenibilidad ya no se juega solo en el terreno ambiental, sino en el de la competitividad global y la seguridad estratégica de Europa.

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