La CEO de ENGIE España arrancó su intervención con una llamada a superar el conocimiento individual: frente a los desafíos actuales, defendió la necesidad de poner en juego la inteligencia colectiva para construir una respuesta holística, en lugar de soluciones aisladas por sector o por empresa. Sobre esa base, situó el gran reto pendiente en acercar el binomio industria-energía: trasladar al tejido industrial la competitividad que España ya ha ganado en el ámbito energético.

Según explicó, España cuenta con un ecosistema en el que la ambición política para el despliegue de renovables ha sido notablemente más alta que la media europea, lo que sitúa al país en una posición singular: no solo dispone de un «electrón verde», sino también competitivo, fruto de dos décadas de desarrollo tecnológico. Esa combinación, señaló, explica por qué la industria global mira hoy a España como destino de inversión, y por qué el país cuenta con un colchón de competitividad capaz de absorber los shocks políticos internacionales.

Ordóñez fue más allá al vincular sostenibilidad y resiliencia empresarial:

«Aquellas industrias que apuestan por la sostenibilidad se convierten en industrias más resilientes desde un punto de vista económico, y mucho mejor preparadas tecnológica y financieramente», afirmó.

La directiva de ENGIE reivindicó además una oportunidad histórica para España: pasar de percibirse como un país sin recursos naturales propios a poner en valor los que sí tiene, y que hoy constituyen una palanca de competitividad que, insistió, el país debe aprovechar. «Ya no son dos conceptos reñidos, son dos conceptos que van de la mano y generan valor», resumió sobre la relación entre sostenibilidad y competitividad.

En la parte más técnica de su intervención, Ordóñez defendió que la transición energética debe ser tecnológicamente agnóstica —no limitada a la electrificación, sino abierta a todas las tecnologías disponibles— y remarcó la importancia de la colaboración entre sectores. Introdujo también una distinción entre sostenibilidad y robustez: mientras el primer concepto ya está consolidado, el segundo exige seguir avanzando en dos frentes en los que España tiene margen de mejora, la competitividad y la seguridad del suministro. Para lograrlo, señaló tres palancas concretas: almacenamiento energético para modular la producción, redes preparadas para la dispersión geográfica de los puntos de consumo, y digitalización para una gestión más eficiente de la producción, distribución y transporte eléctrico — todo ello, insistió, exige también agilizar los procesos administrativos que hoy ralentizan su despliegue.

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