Energía para competir: el nuevo pulso de la transición
  • La energía se ha situado como uno de los ejes centrales de la agenda de competitividad europea en la mesa «Energía para competir: el nuevo pulso de la transición», donde Loreto Ordóñez, CEO de ENGIE España, y Javier Goñi, CEO de Exolum, coincidieron en que la ambición climática, la seguridad de suministro y el impulso industrial deben avanzar juntos, sin que ninguno de los tres frenos al resto. La conversación, moderada por Ana Herrero, directora de Transformación Sostenible de Forética, abordó cómo España puede aprovechar su ventaja energética para ganar competitividad industrial en un contexto de autonomía estratégica europea.

Ordóñez abrió el debate reclamando una respuesta colectiva a los desafíos actuales, frente a la que calificó como insuficiente aproximación desde el conocimiento individual de cada sector o empresa. Sobre esa base, situó el gran reto pendiente del país en trasladar al tejido industrial la competitividad que España ya ha ganado en el terreno energético: un ecosistema, explicó, en el que la ambición política para el despliegue de renovables ha sido notablemente más alta que la media europea, y que combina dos décadas de desarrollo tecnológico con un «electrón verde» que es, a la vez, competitivo en precio. Esa combinación, defendió, explica por qué la industria global mira hoy a España como destino de inversión, y constituye un colchón capaz de absorber los shocks políticos internacionales que atraviesan al continente.

Goñi coincidió en la necesidad de una mirada amplia y compartió el diagnóstico de fondo: la descarbonización no puede entenderse como el único objetivo de la transición, que debe perseguir también competitividad y resiliencia. Desde esa perspectiva, reivindicó que tecnologías más allá de la electrificación —como los biocombustibles o la captura de carbono— tengan el mismo peso en la agenda energética, y puso como ejemplo el propio modelo de Exolum, cuya red logística, explicó, está orientándose también a dar salida a estos combustibles alternativos. Para el consejero delegado, la clave no está solo en la ambición de los objetivos, sino en la capacidad real de ejecutarlos:

«Hay que pasar de las musas al teatro: lo importante es que estos proyectos se hagan, cuando existen muchos factores que lo frenan», afirmó Goñi, en referencia a la necesidad de que España fortalezca su capacidad de ejecución y agilice los procesos administrativos que hoy ralentizan el despliegue de infraestructuras, para acercarse a la velocidad con la que avanzan otras geografías.

Ambos directivos identificaron las redes como uno de los principales cuellos de botella del sistema. Ordóñez apuntó a tres palancas necesarias para resolverlo: almacenamiento energético que permita modular la producción, redes preparadas para la dispersión geográfica de los puntos de consumo, y digitalización para una gestión más eficiente de la generación, distribución y transporte eléctrico. Goñi, por su parte, insistió en que buena parte de esa solución ya existe: frente a la idea de que la transición obliga a construirlo todo de nuevo, defendió que adaptar las infraestructuras disponibles es la vía más rápida hacia una producción y una logística competitivas.

La conversación cerró con una idea compartida por ambos ponentes: la transición energética no puede lograrse a costa de la seguridad de suministro. Ordóñez introdujo para ello el concepto de robustez, distinto al de sostenibilidad —ya consolidado, a su juicio, en la agenda española— y que exige seguir avanzando en dos frentes pendientes: la competitividad y la propia seguridad del suministro. Goñi fue en la misma línea al advertir de que el foco puesto en los nuevos vectores energéticos ha dejado en un segundo plano a las infraestructuras que hoy garantizan esa seguridad, un equilibrio que, coincidieron ambos, España deberá resolver sin renunciar a ninguno de los dos objetivos. Como resumió Ordóñez sobre la relación entre sostenibilidad y competitividad:

«Ya no son dos conceptos reñidos, son dos conceptos que van de la mano y generan valor».

La mesa conecta directamente con una de las líneas de trabajo de Forética recogidas en su informe Tendencias ESG 2026: orientar la sostenibilidad hacia la competitividad y reforzar la autonomía energética como palanca para reducir la vulnerabilidad de las cadenas de valor europeas.

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