El cambio climático es el fenómeno ambiental que provoca la sucesión de fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, desencadenando así consecuencias más severas y amenazantes. De esta manera, las empresas enfrentan riesgos cada vez mayores que ponen en jaque el desempeño de su actividad.
Para poder mitigar esos riesgos y avanzar en un mercado más competitivo, es importante que las empresas integren criterios de adaptación climática y descarbonización. Ciertas herramientas como los planes de transición o de adaptación marcan la hoja de ruta que la compañía debe seguir, integrando en la estrategia corporativa factores vinculados a sostenibilidad que supondrán un beneficio mutuo para el planeta y para la empresa.
Sin embargo, la implementación de esta estrategia corporativa y de los planes climáticos requiere la ejecución de proyectos concretos. En este contexto, la innovación constituye una herramienta esencial, cuyo desarrollo y ejecución se ven facilitados por el acceso al capital.
Es aquí donde financiación e innovación para alcanzar la resiliencia climática se convierten en los mecanismos fundamentales para poder ejecutar los proyectos que mitigarán los riesgos a los que se exponen las compañías.
En 2024, en España se movilizaron 123.700 millones € mediante mecanismos de financiación sostenible1 en función de la naturaleza de proyecto o estructura del sector, entre otros. Esta versatilidad de diferentes mecanismos permite que cada una de las casuísticas frente a las que se puede encontrar cualquier empresa pueda disponer del capital necesario para poder ejecutar el proyecto.
Para que esta ejecución sea menos arriesgada, en el Clúster de Cambio Climático de Forética se ha tratado la importancia de trabajar con proyectos piloto. Toda la labor que hay que hacer es mucho menor y, por tanto, los recursos que hay que poner a disposición de ese piloto también lo son. Así, se pone en juego un volumen moderado de capital, se analiza mejor el ROI y se monitorizan los resultados técnicos y operativos de manera más sencilla.
Cuando el piloto empieza a esclarecer resultados, es cuando se determina si la innovación es una solución escalable o no. De tal manera que, después de obtener éxito tras la prueba de estrés del proyecto, existen garantías de su viabilidad y es entonces cuando se puede atraer mayor financiación para promover su replicación.
Aquí es cuando se vincula la acción climática a la competitividad, ya que cuando un proyecto es expandible por sus buenos resultados, está directa o indirectamente relacionado con la optimización de capital. Esto lo vemos en nuevas líneas de negocio que se pueden impulsar, operativas que se han cambiado para hacerlas más eficientes, empleo de energías renovables en detrimento de las de origen fósil, independencia energética, etc.
El mayor impacto sucede cuando la escalabilidad traspasa los límites de la compañía y se extiende por la cadena de valor o el resto del mercado. El impacto positivo en materia económica y ambiental de un piloto puede ser productivo para una organización, pero la aplicación a todo un sector o una cadena de valor provoca cambios en modelos enteros, sectores o incluso países.
El claro ejemplo es el de las energías renovables, que en Europa aportaron en 2024 la mayor parte del mix energético con un 48% de presencia, mientras que la nuclear supuso un 24% y las fósiles un 28% del mix2. Esto no asegura una independencia energética total de Europa, pero sí avanza a pasos agigantados hacia ella, fomentando sistemas de calefacción basados en este modelo energético y la electrificación del parque móvil.
Por tanto, la hoja de ruta es clara:
- Identificar los riesgos que amenazan al capital de las organizaciones.
- Diseñar proyectos alternativos para enfrentar a esos riesgos y que aseguren el desarrollo de la compañía.
- Financiar la ejecución de esos proyectos alternativos a pequeña escala para probar su efectividad.
- Escalar los pilotos exitosos a grandes proyectos que reporten beneficios económicos y ambientales para poder trabajar sobre una estandarización adaptada a las nuevas condiciones climáticas.
En conclusión, esta implementación de la innovación permite tomar acción sobre los grandes retos climáticos de manera ágil, eficiente y competitiva, puesto que se reduce la inversión inicial mediante los pilotos y se evalúa su grado de competitividad. Pero también es importante conocer y promover mecanismos de financiación para la escalabilidad de estas metodologías innovadoras para poder tomar acción conjunta.




