- En un escenario marcado por el estrés hídrico, la necesidad de acelerar la digitalización del sector agroalimentario y el riesgo de exclusión financiera en el medio rural, la banca cooperativa desempeña un papel cada vez más relevante en la construcción de territorios más resilientes. Eduardo Baamonde, presidente de Cajamar, aborda cómo integrar sostenibilidad y competitividad desde un modelo nacido para servir al medio rural, poniendo el foco en la innovación agroalimentaria, la eficiencia hídrica y la lucha contra la exclusión financiera. Una conversación que pone de relieve el valor de la banca cooperativa como herramienta de desarrollo rural, resiliencia climática y cohesión territorial.
En una entidad con ADN cooperativo y arraigo territorial, ¿cómo se traduce la sostenibilidad en la forma de hacer banca?
La sostenibilidad forma parte del origen de Cajamar. Las primeras cajas rurales nacieron para evitar la exclusión financiera en el medio rural y facilitar al sector agrario el acceso al crédito. Ese propósito de ser un instrumento al servicio de las personas y de los territorios sigue definiendo nuestra forma de hacer banca.
En 1975, la entonces Caja Rural de Almería decidió ir más allá de la actividad estrictamente financiera e implicarse directamente en la generación y transferencia de conocimiento al sector agroalimentario. La creación de una estación experimental en El Ejido permitió probar nuevas tecnologías —como el riego por goteo o los invernaderos— y trasladarlas a los agricultores para hacer su actividad más eficiente, rentable y sostenible.
Cincuenta años después, y tras la incorporación de casi 40 cajas rurales de distintas zonas de España, hemos extendido este modelo al conjunto del país. Para Cajamar, la sostenibilidad se traduce en facilitar financiación, evitar la exclusión financiera, apoyar el desarrollo rural y promover la tecnología, el conocimiento y la innovación para que las actividades económicas sean viables y sostenibles a largo plazo.
¿Qué evolución ha visto en el sector agroalimentario en materia de sostenibilidad y cómo lo están acompañando desde Cajamar?
El sector agroalimentario español ha protagonizado una transformación extraordinaria en las últimas décadas. Ha mejorado de forma continua su eficiencia en el uso de recursos, ha incorporado nuevas tecnologías, ha avanzado en digitalización y ha sabido adaptarse a un entorno cada vez más exigente. Desde Cajamar acompañamos esa evolución poniendo a disposición del sector financiacion, conocimiento y herramientas para afrontar sus desafíos. Nuestro papel va más allá de la actividad financiera. Trabajamos para facilitar la adopción de innovaciones y favorecer que agricultores, cooperativas y empresas puedan seguir siendo competitivos en un contexto de cambio permanente.

¿Cómo están impulsando la innovación en el ecosistema agro: tecnología, eficiencia, digitalización y nuevas prácticas?
La innovación ha sido una de las grandes señas de identidad de Cajamar. Llevamos más de 50 años promoviendo la investigación aplicada y la transferencia de conocimiento al sector. A través de nuestra Fundación Grupo Cajamar, desarrollamos numerosas actividades relacionadas con la generación y transferencia del conocimiento. Por una parte, tenemos dos centros de investigación propios que están participando en 69 proyectos de I+D+i; también hemos creado una incubadora de alta tecnología del agua, foodtech y agrotech, Cajamar Innova, que ha impulsado desde sus inicios 117 startups, a través de un acompañamiento integral, ofrece a los emprendedores el apoyo que necesitan en cada fase del desarrollo de su proyecto: prueba de concepto, validación de prototipos y pilotos, primeras ventas y escalada. También, organizamos seminarios y eventos formativos relacionados con el sector agroalimentario, concretamente en 2025 hemos organizado 148; hemos creado una comunidad de intercambio de ideas y conocimiento, que es Plataforma Tierra, donde hacemos públicas de forma gratuita todas las actividades que estamos desarrollando: publicaciones, estudios, seminarios, artículos especializados, información de mercado, donde tenemos más de 30.000 usuarios registrados y más de 1,2 millones de visitas.
En definitiva, hemos creado uno de los ecosistemas de conocimiento e innovación más importantes que existen en el sector agroalimentario en nuestro país y que es también reconocido a nivel internacional.
¿Qué papel juega el agua y la adaptación al clima en su mirada estratégica sobre el futuro del sector?
El agua es uno de los grandes retos estratégicos para el futuro de la agricultura y de una parte muy importante de nuestra economía. En un país como España, especialmente expuesto al estrés hídrico, la capacidad de gestionar este recurso de manera eficiente va a ser determinante para mantener la competitividad y garantizar la seguridad alimentaria. Por eso consideramos que la adaptación al cambio climático debe situarse en el centro de las decisiones empresariales y públicas. La eficiencia hídrica, la innovación tecnológica, la reutilización y la mejora de infraestructuras serán fundamentales para fortalecer la resiliencia del sector en las próximas décadas.
El agua ha requerido siempre una especial atención para nuestra entidad, porque nacimos en Almería, una de las regiones más áridas del país y era el factor que condicionaba totalmente nuestro desarrollo. Ahora estamos viendo que el conocimiento adquirido puede ser trasladado a muchos otros territorios que empiezan a sufrir la variabilidad en la disponibilidad de este recurso esencial.
Sin duda, es imprescindible impulsar proyectos que velen por la eficiencia hídrica. Como decía, el agua ha sido uno de los elementos prioritarios para nuestra entidad desde su fundación, tanto desde el punto de vista financiero como desde el punto de vista tecnológico. El cambio climático es un hecho y sin duda debemos contribuir a luchar contra él. Para ello, creamos Cajamar Innova y también participamos de forma muy activa en la financiación de todos los proyectos de mejora del regadío de nuestro país, impulsados por el programa europeo Next Generation. Adicionalmente, nuestra Fundación está participando en líneas de investigación específicas que tienen como objetivo adaptar los modelos productivos actuales a las condiciones derivadas del cambio climático.
En Cajamar, consideramos que no solo debemos financiar las inversiones que permitan ser más eficientes en el uso de los recursos, sino también implicarnos de forma decidida en la búsqueda de soluciones a la nueva realidad climática que tenemos.

¿Qué iniciativas destacaría por su contribución al desarrollo rural, el empleo y la cohesión territorial?
Más que una iniciativa concreta, destacaría nuestro compromiso permanente con el desarrollo de los territorios donde estamos presentes. A través de la financiación, el asesoramiento, la generación de conocimiento y el apoyo al emprendimiento contribuimos a crear actividad económica y oportunidades de empleo, especialmente en entornos rurales. Creemos que una sociedad más equilibrada necesita territorios más dinámicos y con mayores oportunidades. Por eso trabajamos para acercar la innovación, la financiación y los servicios a las empresas y a las personas, contribuyendo a fortalecer el tejido económico y social. De ahí que estemos tan implicados en la financiación del sector primario y de las industrias agroalimentarias, que están ubicadas fundamentalmente en el medio rural, que en definitiva son los que mantienen y crean empleo, actividad y población en esas localidades.
Pero también como cooperativa de crédito que somos, tenemos la misión de evitar la exclusión financiera en el medio rural. Para ello contamos con más de un tercio de nuestras oficinas en localidades con menos de 5.000 habitantes. Tenemos también un servicio de banca móvil para atender a los municipios que ya no tienen oficinas bancarias y que así los ciudadanos puedan seguir obteniendo servicios financieros. Pero, desde nuestro punto de vista, para mantener un medio rural vivo ha de tener actividad económica.
¿Cómo fomentan internamente una cultura de sostenibilidad en equipos y en la relación con clientes?
En Cajamar entendemos la sostenibilidad como un principio rector de nuestra actividad, no como una estrategia aislada. Esa visión se traslada a todos los equipos a través de nuestra vocación de servicio y de la conciencia de que somos un instrumento al servicio de nuestros clientes, de nuestros socios y de los territorios en los que estamos presentes.
Este compromiso se concreta en nuestra forma de trabajar. Todas las inversiones crediticias van acompañadas de un informe de sostenibilidad y nuestra red de oficinas actúa no solo como asesora financiera, sino también como apoyo para identificar soluciones tecnológicas más eficientes y sostenibles. Esta labor ha estado históricamente muy vinculada al medio rural y al sector agroalimentario, pero hoy se extiende al conjunto de actividades y sectores con los que trabajamos en toda España.
De este modo, la sostenibilidad forma parte de las decisiones cotidianas de la entidad, independientemente del puesto que ocupe cada persona o del colectivo al que acompañemos.
Si tuviera que compartir un caso de éxito de Cajamar ¿qué proyecto sería?
Probablemente destacaría el modelo de innovación y transferencia de conocimiento que hemos construido alrededor del sector agroalimentario. Es un proyecto desarrollado durante décadas que combina investigación aplicada, divulgación técnica, apoyo al emprendimiento y acompañamiento a empresas y profesionales. Creemos que una de las aportaciones más valiosas de Cajamar ha sido ayudar a trasladar el conocimiento a la práctica, favoreciendo que muchas innovaciones lleguen realmente al campo y a las empresas. Esa combinación de conocimiento, innovación y colaboración ha contribuido de forma decisiva a mejorar la competitividad de un sector estratégico para nuestro país.
¿Qué tendencias cree que marcarán la competitividad sostenible en los próximos años?
La competitividad de los próximos años estará muy ligada a la capacidad de innovar, gestionar eficientemente los recursos y adaptarse a un entorno cada vez más cambiante. Aspectos como la digitalización, la inteligencia artificial, la gestión del agua, la transición energética, la economía circular o la adaptación al cambio climático van a tener una influencia creciente en las decisiones empresariales.
También veremos una importancia cada vez mayor de la resiliencia. Las empresas que sean capaces de anticipar riesgos, incorporar innovación y adaptarse con rapidez estarán mejor preparadas para aprovechar las oportunidades que ofrece esta nueva etapa.
Y no hay que olvidar el componente social. Ocuparnos para que no haya colectivos que se queden al margen del progreso va a condicionar que avancemos en los aspectos económicos y medioambientales. Los territorios no serán sostenibles sin la participación de todas las personas que los habitan.

Como miembro del Consejo Empresarial Español para el Desarrollo Sostenible, ¿qué medidas considera prioritarias para reforzar competitividad y resiliencia en España y qué papel deben jugar las empresas?
Entre las medidas prioritarias está mejorar la competitividad de las empresas mediante una mayor eficiencia de los procesos productivos. También debemos tener en cuenta que el tejido empresarial español está formado fundamentalmente por pymes y microempresas. Por ello, es necesario promover la colaboración para buscar economías de escala y trabajar también con las administraciones públicas para impulsar y divulgar la innovación y las nuevas tecnologías, de modo que lleguen a empresas que, por su menor dimensión, no podrían avanzar únicamente con sus propios medios.
Las empresas debemos contribuir desde nuestra experiencia y convertir las estrategias en actuaciones concretas. En el caso de Cajamar, nuestra aportación se basa principalmente en el conocimiento adquirido en el medio rural y en el sector agroalimentario.




