- Ricardo Trujillo, director de Impacto Social y Capital Humano de Forética, abrió la mesa «Personas, bienestar y oportunidades: la competitividad que pone a la sociedad en el centro» con un dato del Foro Económico Mundial que marcó el tono de toda la conversación: el 63% de las empresas señala la brecha de capacidades como la principal barrera para su transformación. Sobre esa base, Vicky Vila (IVI RMA Global), Ana Millán (Accenture Iberia) y Catherine Cummings (Sanitas) compartieron cómo sus organizaciones están convirtiendo la dimensión social de la sostenibilidad en una palanca de negocio con indicadores, presupuesto y responsables concretos.
Vicky Vila abrió su intervención con una idea que resumía el cambio de fondo que ha vivido la «S» de social en las empresas: durante años, la sostenibilidad perseguía al negocio desde fuera; hoy, defendió, ocurre justo al revés. Para Vila, la dimensión social solo se activa de verdad cuando se entiende como una consecuencia directa de la actividad empresarial, y no como algo periférico o añadido. Fue especialmente crítica con la tentación de quedarse en el discurso:
«Podemos escuchar mucho, pero si no estamos dispuestos a cambiar realmente, poco cambiará», afirmó Vila, insistiendo en que sin indicadores sociales que midan una mejora real, no hay cambio real posible.

Para comprobar si la sostenibilidad es verdaderamente estructural en una organización, propuso tres preguntas concretas: si cambia decisiones, si cuenta con recursos y responsables asignados, y si se mide efectivamente lo que se hace. Como ejemplo propio, explicó que IVI RMA Global acompaña el reto demográfico español, y que al aplicar un análisis de doble materialidad descubrieron que el principio de «menos es más» ya formaba parte del ADN de la organización — lo que les ha permitido llevar los temas materiales directamente al consejo de administración y vincularlos a la retribución directiva.
Ana Millán trasladó la mirada de Accenture Iberia, centrada en la reinvención tecnológica con propósito. La directiva fue clara sobre el enfoque de la compañía:
«Nuestra misión es apoyar a nuestros clientes a reinventarse desde la tecnología, pero que sea un cambio con propósito y con la persona en el centro», explicó Millán, precisando que cuando hablan de «personas» no se refieren únicamente a su propia plantilla, sino a toda la cadena de interés: clientes, consumidores de esos clientes, empleados, sociedad y proveedores.
Sobre inteligencia artificial, Millán defendió un concepto muy concreto que atravesó el resto de su intervención: la co-inteligencia, entendida como una herramienta con la que las personas se apoyan para mejorar sus propias capacidades humanas, no como un sustituto de ellas. «La IA está para potenciar las capacidades humanas», resumió. Para respaldar ese compromiso con cifras, recordó que Accenture comprometió 3.000 millones de dólares en 2023 para su práctica de Datos e IA, con el objetivo de formar a 80.000 profesionales especializados, y que más de 600.000 empleados de la compañía a nivel global ya han recibido formación en fundamentos de IA. Añadió que la Fundación Accenture ofrece además formación tecnológica abierta a personas sin conocimientos previos, bajo la premisa de que «nadie se quede atrás».
Catherine Cummings cerró la mesa con la perspectiva de Sanitas, y lo hizo situando la dimensión social en el origen mismo de la compañía:
«La S de social nunca ha sido una letra para Sanitas. Va como nuestra razón de ser: la salud es social», afirmó Cummings, recordando además una particularidad del modelo de la aseguradora: al no tener accionistas, los ingresos de la compañía se reinvierten íntegramente en el propio negocio.

Cummings explicó que Sanitas identificó que el seguro de salud tradicional generaba barreras de acceso para personas con discapacidad o mayores de 60 años, a través de la declaración de salud exigida al contratar. La respuesta fue eliminar esa barrera y crear, junto a ILUNION, Sanitas Inclusivo, un producto diseñado sin margen comercial. La directiva defendió una tesis de fondo que conecta la actividad aseguradora con el entorno cotidiano de las personas: «La salud no se construye en la consulta, se construye en el colegio, en el trabajo, en el entorno donde vives». Bajo esa premisa, detalló tres frentes de trabajo concretos de la compañía: Healthy Cities, que convierte los pasos caminados por los ciudadanos en financiación real para parques urbanos; un programa de deporte inclusivo en educación física ya presente en 65 colegios españoles; y un programa de voluntariado corporativo desarrollado junto a grandes ONG. Cummings cerró vinculando esta apuesta con el propio negocio: cuidar la salud de los empleados mejora la retención, la satisfacción y la relevancia de marca frente a nuevas generaciones y colectivos.
Las tres intervenciones, pese a partir de sectores distintos —salud, tecnología y fertilidad—, coincidieron en una misma exigencia de fondo: la dimensión social de la sostenibilidad solo es creíble cuando se traduce en indicadores, decisiones de negocio y responsables concretos, y no se queda en el terreno del discurso.




