
La conversación entre Fernando Riaño, Grupo Social ONCE y Ricardo Trujillo, Forética, celebrada durante la presentación del informe Tendencias y claves ESG 2026, dejó una reflexión clara: la inclusión no es solo un deber moral, ni un imperativo legal; es una palanca estratégica de competitividad para las empresas y una pieza esencial del futuro del trabajo.
Ante un auditorio lleno, Trujillo abrió el diálogo agradeciendo la participación de Riaño y destacando el papel del Grupo Social ONCE como referencia nacional en inclusión, diversidad y diálogo social.
El rol social de la empresa: más allá del cumplimiento normativo

Preguntado sobre si las empresas deben asumir un rol social más allá de lo exigido por la ley, Riaño fue categórico:
“Lo social forma parte de la actividad de cualquier organización. Ya no es solo una licencia para operar; es una expectativa social”.
Explicó que la evolución del modelo empresarial —desde la acción social hacia la sostenibilidad estratégica— demuestra que las organizaciones han interiorizado que la excelencia en comportamiento social no es una opción, sino un estándar. Y añadió que el consumidor actual es más consciente, más exigente y más dispuesto a preguntar, impulsando con sus decisiones la transformación empresarial.
Para Riaño, el Informe de Tendencias ESG de Forética es clave para anticipar esta evolución y entender cómo la sociedad reconfigura lo que espera de las compañías.
Inclusión y competitividad: un vínculo que ya no admite debate

En un segundo bloque, Trujillo planteó la necesidad de conectar inclusión y competitividad. Riaño recordó que estos debates ya están superados:
- La sostenibilidad dejó de ser una moda.
- Su impacto en la cadena de valor es incuestionable.
- El valor social y el valor económico van de la mano.
Recordó la aportación de Porter sobre sostenibilidad y competitividad (2005) y su posterior evolución hacia el concepto de valor compartido, y subrayó que la discapacidad —como manifestación de la diversidad humana— forma parte natural de la vida social y empresarial.
Para demostrar su impacto, señaló:
- Ninguna empresa que ha comenzado a trabajar en inclusión se arrepiente o retrocede.
- La inclusión genera impacto positivo para empleados, accionistas, clientes y comunidades.
- Existen 5 millones de personas con discapacidad en España y más de 1.300 millones en el mundo, lo que representa una cuota potencial de talento y mercado muy significativa.
Asimismo, destacó el poder transformador de las cláusulas sociales, recordando que solo en contratación pública pueden influir entre un 17% y un 21% del PIB europeo, lo que permite generar impacto social sin incrementar el gasto público.
El riesgo de dejar talento fuera: una pérdida económica y social
En la parte final de la conversación, Trujillo planteó una reflexión profunda: ¿qué pierde una sociedad que excluye del mercado laboral a una parte relevante de su talento?
Riaño respondió desde dos perspectivas:
1. Derechos y cumplimiento normativo
España cuenta con un marco legal avanzado en inclusión, pero el reto pendiente es garantizar que se cumpla plenamente.
2. Pérdida de talento y oportunidad económica
Exclusión significa renunciar a una parte considerable del talento disponible, a su capacidad de trabajo, consumo y contribución al sistema.
“No conozco ninguna empresa que quiera renunciar a una cuota de mercado del 20% o 25%”.
Subrayó que permitir la participación plena no solo beneficia a las personas, sino que fortalece la economía y reduce vulnerabilidades sociales.
Conclusión: cerrar brechas y avanzar hacia un modelo social más competitivo
Trujillo cerró la conversación agradeciendo a Riaño su claridad y visión estratégica, destacando que ambas organizaciones comparten un propósito común: cerrar las brechas sociales que dividen a la sociedad, tal y como muestra el Informe de Tendencias ESG 2026.
Riaño concluyó con un mensaje de corresponsabilidad: la inclusión no es solo un reto ético, sino un motor de competitividad, cohesión y progreso social.




