Circularidad, competitividad y el papel estratégico de la economía circular en la transformación empresarial

La conversación entre Beatriz Aylagas, Responsable de RSC y Sostenibilidad en Ecoembes, y Pablo García, Senior Manager ESG en Forética, puso el foco en una de las tendencias que marcará el 2026: la necesidad de reorientar la sostenibilidad hacia la competitividad, con un papel crucial para la economía circular como motor de autonomía estratégica, innovación empresarial y eficiencia de recursos.

García abrió el diálogo recordando el mensaje central de la tendencia 1 del Informe de Tendencias ESG 2026: en un mundo de recursos limitados, la circularidad no es solo un pilar ambiental, sino un factor clave de competitividad económica, especialmente en el contexto europeo, donde la desinflación regulatoria convive con objetivos ambiciosos en materia de materiales secundarios y reducción del desperdicio.

Economía circular: motor de innovación y palanca esencial de competitividad

Aylagas comenzó su intervención afirmando con claridad que “sin circularidad no hay sostenibilidad plena y con circularidad hay más competitividad”. Explicó que, pese a los avances en políticas ambientales, la economía mundial sigue siendo solo un 6,9% circular, lo que revela un enorme potencial para hacer “más con menos” y transformar modelos productivos aún marcados por una lógica altamente lineal.

Además, subrayó tres razones estratégicas por las que la circularidad debe integrarse en la planificación empresarial:

  • Cumplimiento normativo: Europa avanza con rotundidad hacia la reutilización, reciclabilidad, reparabilidad y reducción de residuos.
  • Eficiencias económicas: producir con menos materiales implica ahorro de costes, menor dependencia de recursos escasos y mayor resiliencia ante tensiones geopolíticas.
  • Diferenciación competitiva: la circularidad permite desarrollar “trajes a medida”, soluciones innovadoras, nuevos productos y servicios de valor añadido que conectan mejor con un consumidor cada vez más sensible al impacto ambiental.

En este punto, destacó varios ejemplos de empresas que ya están generando business cases tangibles en sectores como tecnología, moda, mobiliario, deporte o movilidad, a través de modelos basados en segunda vida, alquiler, servitización o refill, incluso en sectores premium antes impensables.

La regulación europea como palanca de valor: un marco que impulsa, no que frena

García reforzó esta idea recordando que, a diferencia de otros ámbitos de la sostenibilidad, la economía circular no ha sufrido el mismo nivel de fricción regulatoria: Europa la considera un vector estratégico para la competitividad industrial.

Enumeró algunas novedades clave que llegarán entre 2026 y 2027:

  • Nueva Ley de Economía Circular europea, que impulsará el mercado de materiales secundarios.
  • Estrategia europea de bioeconomía, centrada en el aprovechamiento de recursos renovables.
  • Nuevo Real Decreto de Envases en España, alineado con la transición hacia modelos más circulares.

Además, destacó el papel de los compromisos voluntarios empresariales, como el Global Circularity Protocol, un marco que ayuda a las compañías a medir, gestionar y reportar su circularidad, y que se está trabajando activamente en el Grupo de Acción de Economía Circular de Forética, con Ecoembes como participante relevante.

Alianzas transformadoras: de la cooperación simbólica a la colaboración estructural

Preguntada por el papel de las alianzas, Aylagas fue clara:

“Las alianzas ya no son algo bonito o accesorio: son absolutamente imprescindibles”.

Destacó que los desafíos circular deben abordarse desde cambios sistémicos, imposibles de acometer únicamente desde la empresa o desde la política pública. Las alianzas deben:

  • Ser multiactor: sector privado, administraciones, ciudadanía.
  • Operar a nivel precompetitivo, cuando se abordan retos comunes esenciales.
  • Incorporar gobernanza clara, corresponsabilidad y riesgo compartido.
  • Trabajar de forma transversal, sumando conocimientos y recursos.

A modo de ejemplo, compartió dos iniciativas emblemáticas:

1. La planta del reciclaje del futuro (Ecoembes)

Un proyecto que duplica inversión y capacidad de gestión de materiales, y que apuesta por ampliar flujos de residuos para incrementar la eficiencia de la circularidad.

2. La alianza entre Ecoembes y Grupo Social ONCE

Un acuerdo que integra circularidad e inclusión, reconociendo que 4,7 millones de personas con discapacidad en España deben ser parte de la transición para alcanzar objetivos ambientales ambiciosos.

Aylagas enfatizó que estas colaboraciones no se negocian por sensibilidad social únicamente, sino porque son estratégicas, permiten llegar más lejos, más rápido y con mayor impacto.

Conclusión: circularidad, competitividad y colaboración para un 2026 con propósito

La conversación concluyó con un mensaje optimista: la economía circular ofrece oportunidades infinitas para innovar, reducir riesgos, abrir nuevos mercados y fortalecer la competitividad de las empresas españolas y europeas.

Pablo García destacó que la coincidencia de ideas expresadas durante todas las sesiones —pese a la diversidad de actores— es un signo alentador de madurez del ecosistema sostenible.

“Estamos alineados, somos realistas, pero también optimistas. Tenemos razones para afrontar el 2026 con energía renovada”, cerró.

Author

Related articles