La sostenibilidad se transforma desde dentro

Muchas organizaciones cuentan hoy con políticas de sostenibilidad, códigos de conducta, compromisos públicos y objetivos ambientales o sociales. Sin embargo, disponer de estos elementos no significa necesariamente que la sostenibilidad haya transformado la manera en la que la empresa funciona.

La verdadera prueba aparece en las decisiones cotidianas: qué ocurre cuando un objetivo económico entra en conflicto con un compromiso social, cómo se elige a un proveedor, qué comportamientos se reconocen internamente o quién asume la responsabilidad cuando los resultados no son los esperados.

Es en ese terreno, menos visible que una memoria o una declaración corporativa, donde se construye una organización verdaderamente sostenible.

La cultura es el sistema operativo de la organización

Cuando escribí Sostenibilidad sin maquillaje, quise plantear un recorrido práctico para convertir el propósito en una forma concreta de gestión. Uno de los pasos esenciales de esa Hoja de ruta es precisamente la construcción de una cultura sostenible y responsable: una cultura capaz de traducir los valores corporativos en estructuras, competencias, responsabilidades y comportamientos compartidos. No conseguiremos empresas sostenibles ni responsables, sin profesionales sostenibles y responsables.

Este capítulo incorpora una reflexión de Germán Granda, director general de Forética, bajo el título Cultura sostenible: el arte de transformar la empresa desde dentro. Su aportación recuerda algo fundamental: la sostenibilidad no puede decretarse desde un despacho ni mantenerse únicamente en el plano de la estrategia. Necesita ser comprendida, asumida y aplicada por las personas que forman la organización.

La cultura funciona como un sistema operativo invisible. Determina qué decisiones se consideran aceptables, qué riesgos se toleran, cómo se resuelven los conflictos y qué comportamientos terminan convirtiéndose en habituales.

Por eso, una empresa puede contar con una estrategia de sostenibilidad técnicamente impecable y, al mismo tiempo, fracasar en su aplicación si la cultura interna continúa premiando únicamente el resultado inmediato, evita las conversaciones incómodas o considera la sostenibilidad una responsabilidad exclusiva de un departamento.

Del compromiso al comportamiento

Integrar la sostenibilidad en la cultura no significa que todas las personas deban convertirse en especialistas en regulación, impacto o reporting. Significa que cada equipo debe comprender cómo sus decisiones influyen en los objetivos y compromisos de la organización.

Para avanzar en esa dirección, resultan especialmente importantes tres condiciones:

  • Responsabilidades claras: cada área debe conocer qué decisiones, indicadores y resultados dependen de ella.
  • Competencias suficientes: las personas necesitan formación, recursos y criterios para actuar de manera coherente.
  • Reconocimiento y seguimiento: los avances deben medirse, comunicarse y reconocerse para evitar que el esfuerzo desaparezca tras una auditoría o un hito puntual.

La sostenibilidad comienza a formar parte de la cultura cuando deja de percibirse como una tarea adicional y se integra en la manera de trabajar. Cuando compras incorpora criterios sociales y ambientales, operaciones analiza sus impactos para hacerse cargo de ellos, mientras identifica y aprovecha sus oportunidades, recursos humanos alinea competencias e incentivos y la dirección asume que algunas decisiones responsables pueden exigir costes o renuncias en el corto plazo, convencido que la sostenibilidad genera valor a medio y largo plazo.

Transformarse dentro para generar impacto fuera

La cultura interna condiciona la credibilidad externa. Una organización difícilmente podrá construir confianza con sus grupos de interés si existe una distancia permanente entre lo que comunica y lo que realmente ocurre en sus procesos.

La sostenibilidad no se sostiene solo con grandes declaraciones. Necesita coherencia, liderazgo y capacidad para revisar inercias. También requiere personas dispuestas a tender puentes entre perspectivas diferentes y a convertir los valores en decisiones concretas. Es por ello, que Rut, en su libro, no sólo nos da una fórmula para para la empresa, sino un camino para el profesional.

Porque las empresas no son sostenibles por lo que afirman ser, sino por lo que hacen cada día y por cómo deciden hacerlo.

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