El impacto social como motor de negocio: cómo la diligencia debida y la inversión en comunidad generan valor empresarial

La primera mesa del Forética Social Business Forum arrancó con una pregunta que cada vez resulta más difícil de ignorar: en un contexto de narrativas cambiantes y presiones regulatorias, ¿cómo garantizamos que los asuntos sociales sigan ocupando un lugar central en la toma de decisiones empresariales?

Para abordarla, Candela Aldao, manager de sostenibilidad de Mahou San Miguel, y Beatriz Esteban, especialista en ESG de Naturgy, mantuvieron una conversación moderada por Bárbara Manrique, directora editorial de FORBES España. La sesión puso sobre la mesa algo que Forética lleva tiempo impulsando desde su Clúster de Impacto Social: construir el business case del impacto social no es una opción, sino una necesidad estratégica para cualquier organización que quiera ser relevante en los próximos años.

El impacto social ya tiene retorno: la clave está en medirlo

Uno de los ejes centrales del diálogo fue la relación entre la diligencia debida en la cadena de valor y la capacidad de las empresas para generar resultados tangibles. Tanto Aldao como Esteban coincidieron en que la gestión del impacto social —cuando se aborda con rigor y criterio estratégico— deja de ser un coste para convertirse en un diferenciador competitivo real.

La clave, subrayaron, no reside en hacer más proyectos sociales, sino en integrar la lógica del impacto en el núcleo del negocio: en la selección de proveedores, en la relación con las comunidades donde operan, en el diseño de productos y en la forma de comunicar. Cuando esa integración se produce, los beneficios son mensurables: mayor resiliencia en la cadena de suministro, mejor reputación con inversores y consumidores, y una licencia social para operar más sólida.

De la inversión en comunidad a la creación de valor compartido

La inversión en la comunidad fue otro de los focos del debate. Lejos de los enfoques filantrópicos del pasado, las expertas subrayaron que las empresas que más están avanzando son aquellas que alinean su inversión social con sus necesidades de negocio y con los desafíos reales del entorno en el que operan.

En este sentido, la diligencia debida social —cada vez más exigida por marcos regulatorios europeos como la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) o la normativa de debida diligencia empresarial— no es únicamente un ejercicio de cumplimiento. Es también una herramienta para conocer mejor los riesgos y oportunidades de la cadena de valor, anticipar tensiones sociales y construir relaciones más duraderas con proveedores, empleados y comunidades.

Un mensaje para la agenda empresarial de 2026

La conversación dejó una conclusión clara: las empresas que han apostado por integrar el impacto social en su estrategia no solo no se arrepienten, sino que reconocen haber ganado en competitividad, en atracción de talento y en capacidad de influir positivamente en su entorno.

Forética seguirá trabajando en 2026 para acompañar a las organizaciones socias en la construcción de ese business case, dotándolas de herramientas, metodologías y espacios de aprendizaje colectivo que permitan demostrar, con datos y evidencias, el valor de lo social para el negocio.

Autor

Artículos relacionados