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Parece que comenzamos a alejarnos de días más oscuros de la emergencia sanitaria mundial y nacional, provocada por el avance del coronavirus SARS-CoV-2 en nuestra sociedad. Surge con la palabra desescalada una esperanza por retornar, no sin antes darle una pensada, a nuestro ritmo de vida tal y como lo conocíamos antes del impacto de la pandemia. Un proceso de faseado de nuestra vida diaria, en el que guantes y mascarillas se erigen como nuestros nuevos acompañantes para hacer la compra, pasear, hacer deporte o acudir al trabajo.

Vivimos una situación en la que la prioridad como sociedad debe ser contener la evolución de este virus. Siempre del lado de la Ciencia y del bienestar de la vida en nuestro entorno, aplicable a flora, fauna y a nosotros como seres humanos, desde LIBERA siempre hemos puesto en valor el conocimiento científico como la mejor herramienta para que una sociedad pueda prosperar de un modo sostenible. Por ello, desde luego que estamos muy de acuerdo en no escatimar en el uso de protección indicado desde las administraciones, bien por cantidad, como por calidad y modo de empleo. Ahora bien, hay que tener en cuenta que por su composición y funciones, estos equipos de protección no siempre pueden ser reutilizados, por tanto, es muy importante que no acaben abandonados en el medio ambiente.

Evitar la “cara B” de guantes y mascarillas

Cabe recordar el papel que tenemos en la protección de la naturaleza y su entorno, del mismo modo que estos protectores hacen lo propio en nuestro sistema inmunológico con el virus. La idea de proteger del mismo modo que somos recogidos. Un llamamiento que hemos hecho estas semanas de comienzo de la desescalada, teniendo además en cuenta que este virus causante de la pandemia que estamos sufriendo, tiene un origen zoonótico, es decir, está relacionado con la interacción del ser humano con la naturaleza, en concreto, con otras especies animales.

Evitar el abandono de estos materiales y ahorrarnos algunas imágenes como las localizadas en varias playas de China, en las que ya han aparecido este tipo de residuos, es un propósito compartido al que incluso también, se ha sumado Su Majestad la Reina Doña Sofía. Dentro de la línea de trabajo conjunto entre el Proyecto LIBERA y la Fundación Reina Sofía, desde hace 3 años, estamos avanzando, tanto en investigación científica, como en sensibilización para evitar la proliferación de la basuraleza ((basura abandonada en la naturaleza). Este apoyo refuerza lo que es un movimiento transversal, al que se han sumado ayuntamientos, gobiernos autonómicos, empresas, colectivos de diferente índoles o centros de interpretación.

Una vez más, nuestro poder de decisión como ciudadanos puede marcar la diferencia. La decisión de que estos residuos nunca se deben abandonar en las calles de las ciudades ni de los pueblos, ni tampoco en los espacios naturales que tanto estamos deseando volver a disfrutar, sino en el contenedor pertinente. En el caso de los EPI (guantes y mascarillas), deberán ir al contenedor gris (resto).

Hacer que la basuraleza no tenga una nueva excusa

Pedimos a la sociedad responsabilidad ante este nuevo residuo, para que acabe en la papelera de la calle o contenedor de resto de sus casas y no en el suelo de entornos urbanos, periurbanos o rurales, ya que podría convertirse en una nueva tipología de basuraleza y generar un impacto negativo en espacios naturales. Este fenómeno contamina mares, ríos, montes, bosques, embalses o playas de nuestro país, y es nuestro declarado enemigo desde que comenzamos hace más de tres años. Solo en 2019, gracias a los más de 30.000 héroes que acudieron a  nuestras campañas ‘1m2 por los entornos’, conseguimos arañarle a la basuraleza 126 toneladas de residuos y caracterizar más de 140.214 objetos encontrados –piezas y bolsas de plástico, latas de bebidas o colillas-. Este año, por el momento, no hemos podido realizar nuevas ediciones de retiradas de residuos de nuestros entornos naturales de forma física, pero incluso desde nuestros hogares podemos contribuir a luchar contra la basuraleza. Tomando conciencia de que un pequeño gesto puede evitar nuevos residuos en la naturaleza, conseguiremos protegernos del virus, y a su vez, proteger a la naturaleza.