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Según el Informe de Riesgos Globales 2020 del World Economic Forum, los próximos 10 años son los que decidirán las perspectivas de riesgo climático para el resto del siglo. Para evitar las peores consecuencias, las emisiones de gases de efecto invernadero deben alcanzar su punto máximo de inmediato, y disminuir precipitadamente entre 2020 y 2030 un 7,6% cada año.

Esta descarbonización de la economía requiere de políticas de gran alcance que favorezcan la transformación de los procesos industriales, el transporte, la agricultura y uso de la tierra, entre otros, que además tengan en cuenta las siguientes premisas:

  • Han de ser desarrolladas con una visión integral, un enfoque de sistema, ya que hay que garantizar que los cambios necesarios no solo alineen el camino hacia los objetivos establecidos, sino que no pongan sobre el terreno nuevos obstáculos a resolver.
  • Den prioridad urgente a la adaptación, no solo como preparación para las consecuencias del cambio climático a futuro, sino también para eliminar el déficit de resiliencia que enfrentamos hoy.
  • Presten atención al cambio de comportamiento de los consumidores, como vía esencial conseguir escalar las soluciones críticas necesarias.

Desarrollo económico y social

En el arranque del 2020 ha quedado claro que los asuntos ambientales son protagonistas incuestionables en la agenda de desarrollo económico y social. Se reconoce que «el desarrollo social y económico depende de la gestión sostenible de los recursos naturales de nuestro planeta» y que la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) pasa por garantizar aquellos de índole ambiental. Si a esto le añadimos que este año, por primera vez en la historia, a nivel global los cinco principales riesgos identificados por el World Economic Forum son riesgos ambientales, es fácil hacerse una idea de la magnitud del reto al que nos enfrentamos.

Y es que actualmente las cifras hablan por sí mismas: la sostenibilidad de nuestro modelo de vida y económico está en jaque. Con nuestro modelo actual de producción y consumo, cada año requerimos recursos equivalentes a 1,75 planetas, dato que aumenta a 2,5 si nos fijamos exclusivamente en España, según la Global Footprint Network. Insostenible.

Con las emisiones de gases de efecto invernadero ocurre algo similar. Aun conociendo el objetivo establecido por la ciencia de limitar el aumento de temperatura a final de siglo a 1,5°C y la reducción de emisiones necesarias para conseguirlo, según el informe Emissions Gap Report 2019, las emisiones a nivel global siguen creciendo y estamos lejos de cumplir los compromisos nacionales adoptados. Insostenible.

Y, en este contexto, el crecimiento de la población previsto imprime una mayor presión a la vez que pone el foco en las ciudades, ya que la previsión es que cada vez haya mayor concentración de población en los entornos urbanos. Dicen los expertos que la batalla por la sostenibilidad, se ganará o perderá en las ciudades y, por tanto, es necesario trabajar sobre las oportunidades y los riesgos que se plantean.

El momento de actuar

Pero los impactos ambientales, no son algo futurista, hablamos de presente. Sus consecuencias las vivimos hoy y, por tanto, YA es el momento de actuar. Los científicos alertan de que los impactos se han anticipado de una forma importante y, en muchos casos, ya estamos siendo testigos de las consecuencias: un millón de especies en riesgo de extinción; disminución del 60% del tamaño de la población de vida silvestre; aumento de la temperatura –siendo los últimos 5 años los más cálidos de la historia- o intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos, por citar algunas. Aunque no hay que obviar, que serán más grandes en el futuro.

Hace no mucho hablábamos de cambio climático pero el concepto ha evolucionado para dar una señal de la urgencia y gravedad: hoy hablamos crisis climática o emergencia climática. No revertir la tendencia ahora sin duda es comprometer y poner en riesgo a las generaciones futuras y está en nuestra mano hacerlo.

Durante esta próxima década, se requiere de una acción coordinada entre el sector público y privado y, por supuesto, de la participación de la ciudadanía, para conseguir:

  • La descarbonización de la economía
  • Frenar la destrucción de la naturaleza
  • Garantizar una economía circular que se esfuerce por cero desperdicio
  • Promover hábitos de vida y consumo responsables y sostenibles
  • Proporcionar entornos más saludables, sostenibles y resilientes
  • Satisfacer las necesidades básicas de todas las personas en este planeta.

Desde Forética, animamos a todas las empresas y organizaciones a asumir su rol como como catalizadores de la transformación necesaria, reconociéndose como parte del problema, pero, lo que es más importante, como parte de la solución. Para ello, es fundamental trabajar con la base de lo que establece la ciencia; aplicar la tecnología e innovación como aliados en el proceso (eficiencia energética, renovables, electrificación, etc); Vincular los grandes riesgos ambientales con las decisiones de la empresa y las valoraciones del mercado de capitales –para ello será clave la estandarización de la información de ESG que todas las empresas utilizarán en su divulgación a los inversores y otras partes interesadas- y aumentar la ambición.

El año 2020 es un año crítico con la COP 15 de Diversidad Biológica y la COP 26 de Cambio Climático en Glasgow y las decisiones e implicaciones que tendrán para países y sector privado.

Este artículo fue publicado originalmente en www.efeverde.com el 27 de febrero de 2020. Puedes verlo aquí