Lo que nos deja la COP17: cómo avanzar en el reto de integrar la naturaleza en las decisiones económicas y empresariales

La biodiversidad se ha consolidado como una cuestión estratégica para la economía global. La actividad empresarial depende directamente de los recursos naturales y de los servicios que proporcionan los ecosistemas, desde el agua y las materias primas hasta la fertilidad del suelo o la polinización. Al mismo tiempo, muchas actividades económicas generan presiones sobre estos sistemas. Esta relación hace que la protección de la naturaleza sea también una cuestión de competitividad, resiliencia y gestión de riesgos para las empresas.

La COP17 de Biodiversidad, celebrada en Ereván (Armenia) entre el 19 y el 31 de octubre de 2026, ha vuelto a situar este desafío en el centro de la agenda internacional. Tras dos semanas de negociaciones, la conferencia concluyó con cerca de 50 decisiones y un acuerdo especialmente relevante: el Yerevan Pathway, una hoja de ruta para acelerar la implementación del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022.

La cumbre ha dejado avances en materia de financiación, gobernanza y acción internacional, pero también una conclusión clara: el ritmo actual no es suficiente para alcanzar los objetivos de biodiversidad fijados para 2030. Con solo cuatro años por delante, resulta imprescindible pasar de los compromisos a la acción.

De reconocer la dependencia de la naturaleza a integrarla en la estrategia empresarial

Uno de los principales mensajes de la COP17 procede de la primera revisión global del Marco de Kunming-Montreal. El balance confirma que, pese a los avances en la definición de objetivos nacionales, el mundo sigue lejos de la trayectoria necesaria para cumplir sus 23 metas de biodiversidad en 2030.

Cerca del 90% de los países ha establecido objetivos nacionales alineados con el Marco, pero menos de la mitad de las metas evaluadas por los propios países se encuentran en una trayectoria adecuada para su cumplimiento. Esta brecha evidencia que el principal desafío ya no reside únicamente en establecer compromisos, sino en traducirlos en medidas concretas y resultados verificables.

En este contexto, el papel del sector empresarial resulta fundamental. La Meta 15 del Marco Global de Biodiversidad insta a las grandes empresas y entidades financieras a evaluar y divulgar sus impactos y dependencias respecto a la naturaleza, así como los riesgos asociados.

En los últimos años, las organizaciones han avanzado en el conocimiento de su relación con el capital natural. Sin embargo, medir y reportar no puede convertirse en un fin en sí mismo. El verdadero salto cualitativo se produce cuando esta información se incorpora a la estrategia corporativa y condiciona decisiones como la selección de proveedores, la gestión de las cadenas de valor, la localización de activos o las inversiones.

Desde esta perspectiva, integrar la naturaleza implica ir más allá de la gestión ambiental tradicional y reconocer su importancia para la continuidad y resiliencia de los modelos de negocio.

Transformar los incentivos económicos para favorecer la naturaleza

Otro de los grandes retos abordados en Ereván es la necesidad de transformar los incentivos que actualmente favorecen actividades perjudiciales para la biodiversidad.

La Meta 18 del Marco de Kunming-Montreal establece el objetivo de identificar y eliminar, retirar progresivamente o reformar los incentivos perjudiciales para la biodiversidad, reduciéndolos en al menos 500.000 millones de dólares anuales para 2030, al tiempo que se incrementan los incentivos positivos.

La COP17 ha reconocido la necesidad de acelerar el cumplimiento de este compromiso, aunque todavía quedan importantes cuestiones pendientes para trasladarlo a cambios efectivos en las políticas económicas y sectoriales.

Durante la cumbre también se impulsaron iniciativas como el Yerevan Call on Incentives Positive to Biodiversity, orientadas a favorecer la transformación de los incentivos y promover alternativas que contribuyan a la conservación y restauración de la naturaleza.

Para las organizaciones, este debate tiene implicaciones directas. La transición hacia modelos de negocio positivos para la naturaleza requiere revisar no solo los impactos de las operaciones, sino también las decisiones de inversión, las relaciones con la cadena de suministro y los criterios que orientan la asignación de recursos. El objetivo es que la actividad económica deje de contribuir a la pérdida de biodiversidad y avance hacia la generación de impactos positivos.

Movilizar recursos: una condición imprescindible para acelerar la acción

La financiación continúa siendo uno de los principales obstáculos para cumplir los objetivos globales de biodiversidad. La Meta 19 establece la urgencia de movilizar al menos 200.000 millones de dólares anuales para 2030, procedentes de fuentes públicas, privadas, nacionales e internacionales.

Durante la cumbre se anunciaron cerca de 2.000 millones de dólares en nueva financiación para la naturaleza, a través de distintos instrumentos e iniciativas. También se avanzó en los criterios que deberán orientar el futuro mecanismo financiero internacional, aunque no se alcanzó un acuerdo definitivo sobre su configuración institucional.

Otro de los asuntos abordados fue el desarrollo del Fondo de Cali, vinculado al uso de información digital sobre secuencias genéticas procedentes de recursos biológicos. Su evolución resulta especialmente relevante para sectores como el farmacéutico, la biotecnología, la agricultura, la alimentación y la cosmética, por las implicaciones que puede tener en el reparto de beneficios derivados de estos recursos.

Pese a estos avances, la financiación movilizada sigue siendo insuficiente frente a la dimensión del desafío. Será necesario reforzar la colaboración público-privada, desarrollar nuevos instrumentos financieros y facilitar que el capital privado contribuya a proteger y restaurar los ecosistemas.

De Ereván a Quito: cuatro años para convertir los compromisos en resultados

La COP17 marca un punto intermedio en el camino hacia 2030. El Yerevan Pathway establece prioridades para acelerar la implementación del Marco Global de Biodiversidad, entre ellas la movilización de recursos, la reforma de los incentivos perjudiciales, el apoyo científico y técnico y una mayor integración de la biodiversidad en las decisiones económicas.

La próxima conferencia, la COP18, se celebrará en Quito (Ecuador) en 2028. Para entonces, el progreso deberá reflejarse en resultados tangibles: ecosistemas protegidos y restaurados, financiación movilizada, incentivos transformados y empresas que incorporen la naturaleza de manera efectiva en sus estrategias.

El mensaje que deja Ereván es que la protección de la biodiversidad no puede abordarse como una agenda independiente de la actividad económica. La naturaleza es una condición esencial para la prosperidad y la resiliencia de nuestras sociedades y empresas. Por ello, acelerar su integración en las decisiones empresariales y financieras será determinante para avanzar hacia un modelo económico compatible con los límites del planeta.

Los próximos cuatro años serán decisivos para demostrar que los compromisos globales pueden traducirse en cambios reales sobre el terreno.

Estas cuestiones y los principales acuerdos alcanzados en Ereván se han abordado también en el análisis publicado por Forética en El Español.

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