- La hoja de ruta del tejido productivo apunta a un futuro optimizado digitalmente pero integrador.
Es el propósito más repetido en el mundo empresarial: las compañías miran hacia un futuro tecnológico sin olvidar sus principios fundacionales y sin dejar a nadie atrás.
Ese atrás suele ser un guiño a la población mayor que no ha sabido incorporarse a la digitalización y viaja a otra velocidad. Más despacio.
Pero no son los únicos.
La gente con discapacidad también va a otro ritmo. Diferente.
Si el futuro es sostenible o no será, la inclusión social debe ser tan decisiva como la defensa del medioambiente.
Es necesaria porque es lo justo. Y porque es común: una de cada 100 personas tiene autismo. El trastorno del espectro autista es tan complejo y variable que abarca desde las altas capacidades a la discapacidad intelectual. Se diagnostica en tres grados diferentes dependiendo de su nivel incapacitante. El grado tres -el más severo y desconocido- tiene la discapacidad asociada. Requiere de grandes apoyos y recursos profesionales de alta profesionalidad y especialización.
Así que no: un autista no es un Sheldon Cooper. O no siempre.
Imagínate:
Imagina que todo lo que te rodea emite un ruido ensordecedor.
Que todos los estímulos te llegan al unísono.
Que no sabes si tienes frío o calor, hambre, un dolor de muelas o migraña.
Que no hablas y apenas puedes expresarte.
Que todo el mundo te mira raro porque aleteas con tus manos o te balanceas.
Que la gente te tiene miedo cuando gritas de contento.
Que tienes treinta años y te tratan como a un bebé.
No entiendes el mundo.
Eres un pez fuera del agua.
Tal vez este relato te haya acercado al autismo.
Entonces, te estarás preguntando qué pinta en el panorama empresarial.
No pinta nada.
La discapacidad no sirve para nada. Es como la música, el arte o el amor: contribuye al patrimonio humano de la sociedad ¿Y qué es el tejido empresarial si no una capa de ese ecosistema?
He aquí el propósito. Impactar en la vida humana de forma positiva y duradera es parte de esa hoja de ruta que apuesta por el futuro digitalizado pero humanizado. Si las organizaciones asumen el compromiso y la responsabilidad de contribuir a mejorar el mundo y la vida nosotros entramos en el camino.







La S de la ESG puede contribuir salvajemente a la calidad de vida de personas con autismo y discapacidad y sus familias. A través de jornadas de sensibilización que permitan a los empleados interactuar con autistas severos y comprobar que el TEA es otra forma de ver el mundo; de becas a familias para sufragar los costosos gastos que requiere un acompañamiento profesional basado en la excelencia y evitar que caigan en situaciones de soledad, pobreza, aislamiento o desamparo; de posibilitar la conciliación y aligerar la carga mental de los familiares a través de programas de ocio y respiro que proporcionen tiempo de calidad para ellos y experiencias nuevas para sus hijos o hijas con trastorno del espectro autista; de colaborar con programas de formación y empleo para jóvenes autistas, de financiar programas que ayuden a las familias a recuperar la armonía en el hogar a pesar del duelo, a atender al resto de hermanos, preservar la salud de la pareja demasiado sumida en la problemática del autismo; de infraestructuras y reformas -viviendas de entrenamiento, centros de día, colegios de educación especial para niños y niñas con autismo, hogares-.
Los beneficios de estas colaboraciones son fácilmente medibles y altamente satisfactorios: pueden provocar la mayor de las sacudidas en las vidas de personas para quienes las ayudas públicas son dramáticamente insuficientes.
Pero además, hay un beneficio directo en el plano corporativo: este tipo de políticas son claves para la captación de talento joven -los jóvenes perciben a las compañías sin ESG como parte del establishment; para la retención -los empleados conectan emocionalmente con la dirección y refuerzan su sentido de pertenencia y motivación-; y los beneficios fiscales son nada desdeñables. Además, resuelven las medidas alternativas de obligado cumplimiento de acuerdo a la Ley General de Discapacidad.
Total, que si un árbol cae en un bosque desierto y nadie está cerca para oírlo ¿hace algún sonido? La financiación de entidades como la nuestra –AUCAVI, Autismo calidad de vida– garantiza que el bosque florece por igual: tu colaboración es su compañía.
📸 Fotografías: Montse Velando.
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