El Sustainable Governance Forum abordó la visión del inversor de la mano de Federico Darakdjian, Senior Associate en MSCI Research & Development, quien compartió un análisis en profundidad sobre cómo los mercados están interpretando la sostenibilidad y la gobernanza en un contexto de creciente incertidumbre regulatoria.
Desde el inicio de su intervención, Darakdjian quiso subrayar que el enfoque de MSCI en sostenibilidad y clima no es coyuntural, sino estructural, y se remonta a más de dos décadas.
“En MSCI la sostenibilidad y el clima han estado en el centro de lo que hacemos desde hace más de 25 años, mucho antes de que existieran los marcos regulatorios que han definido la última década.”
Este enfoque se basa en un criterio claro: la materialidad financiera. Es decir, identificar aquellos riesgos y oportunidades de sostenibilidad con mayor probabilidad de impactar en el desempeño económico de las compañías, independientemente de su popularidad en la agenda regulatoria.
“Nuestro enfoque siempre está basado en el concepto de materialidad financiera, identificando los riesgos y oportunidades de sostenibilidad que tienen mayor probabilidad de impactar en el desempeño de las compañías, no necesariamente los temas más de moda en la agenda regulatoria.”
Darakdjian recordó que actualmente más de un trillón de dólares están vinculados a índices de sostenibilidad y clima de MSCI, lo que demuestra que, a pesar de los ajustes regulatorios recientes, la demanda por estos productos no se ha desacelerado.
“Hoy en día hay más de un trillón de dólares asociados a nuestros índices de sostenibilidad y clima, y a pesar del retroceso regulatorio que observamos el último año, la demanda no se ha desacelerado.”
Este contexto ha permitido identificar un cambio relevante en los motores de la agenda ESG. Si durante la última década la regulación y la acción institucional marcaron una dirección clara, en 2025 este consenso comenzó a fragmentarse.
“En 2025 vimos cómo el consenso en torno a la sostenibilidad se fragmentó; los gobiernos recalibraron sus prioridades y la idea de que la regulación seguiría empujando esta agenda ya no se puede dar por sentada.”
Sin embargo, Darakdjian fue contundente al señalar que los riesgos materiales no desaparecen simplemente porque se relajen los marcos regulatorios.
“Los riesgos materiales no van a desaparecer simplemente porque decidamos ignorarlos.”
En este nuevo escenario, explicó, los mercados y el capital están asumiendo un papel más activo, ajustando el precio del riesgo y dirigiéndose hacia aquellas compañías mejor posicionadas, incluso en ausencia de un marco regulatorio fuerte.
“No estamos frente a un vacío regulatorio, sino frente a una recalibración de quién está marcando la dirección.”
Uno de los ejemplos más claros de este cambio, según Darakdjian, se observa en la transición energética. Aunque el impulso político se desaceleró en 2025, los mercados han contado una historia distinta, distinguiendo entre tecnologías comercialmente viables y aquellas que aún dependen de subsidios.
“El capital se está asignando en función de la viabilidad comercial y no solamente de la alineación con la regulación.”
Un patrón similar se aprecia en el ámbito de los datos de sostenibilidad. Frente a la simplificación o ralentización de los marcos regulatorios, los inversores no han reducido sus exigencias, sino que se han vuelto más selectivos.
“No están pidiendo más datos, están pidiendo mejores datos, directamente vinculados a los resultados financieros.”
Esta exigencia se traslada a mecanismos de mercado como el proxy voting, donde los inversores apoyan aquellas propuestas de sostenibilidad ligadas a la realidad operativa del negocio y rechazan las excesivamente prescriptivas o desconectadas de la estrategia empresarial.
Darakdjian destacó también que, mientras algunos responsables políticos suavizan requisitos en sostenibilidad, los reguladores prudenciales están integrando cada vez más el riesgo climático en la supervisión financiera.
“El riesgo climático se está incorporando en el núcleo de la supervisión financiera, no como un elemento adicional de reporting, sino como parte integral de la evaluación de solvencia y estabilidad financiera.”
En este contexto, la gobernanza corporativa adquiere un papel central. Para MSCI, explicó, la gobernanza es la base sobre la cual las empresas gestionan el riesgo en un entorno marcado por la volatilidad, los cambios geopolíticos y la transición energética.
“La capacidad de una compañía para navegar la incertidumbre depende en gran medida de la calidad de su gobernanza.”
MSCI evalúa esta dimensión a través de pilares como el Consejo de Administración, la rendición de cuentas, la estructura de control y los sistemas de remuneración, observando una clara correlación entre buena gobernanza y desempeño financiero.
“Las compañías con buena gobernanza alinean mejor los intereses de los accionistas con los de la dirección, lo que se traduce en una mayor disciplina estratégica a largo plazo.”
Uno de los mensajes más relevantes de su intervención se centró en el concepto de “skin in the game”, es decir, la participación accionarial de los consejeros. Los datos, según Darakdjian, muestran que cuando los consejeros incrementan su participación, el rendimiento para el accionista mejora de forma significativa.
“Cada aumento medio anual del 1% en la participación accionarial de los consejeros se asocia con un 7,5% adicional de retorno total para el accionista.”
En cambio, la reducción de dicha participación actúa como una señal de alerta para los mercados. A pesar de ello, solo entre un 6% y un 8% de las compañías cuentan con políticas formales en esta materia.
Para cerrar, Darakdjian resumió el mensaje clave: los mercados premian la calidad de la gobernanza y penalizan su ausencia, especialmente en Europa, donde la evidencia es particularmente clara.
“Los mercados premian la calidad de la gobernanza y penalizan su ausencia. Y en Europa, la evidencia es particularmente clara.”
En un momento en el que la regulación pierde protagonismo relativo, concluyó, la estructura, los incentivos y el alineamiento real de los Consejos de Administración se vuelven más decisivos que nunca para la creación de valor a largo plazo.