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Si echamos la vista atrás y recorremos los últimos dieciocho meses, podríamos utilizar cómo símbolo de qué ha sucedido en nuestras vidas una montaña rusa, esa atracción en la que unas personas sienten alegría, otras miedo, unas excitación, otras angustia……. Y es que, aunque esos cochecitos que van por raíles y se elevan y se dan la vuelta son los mismos, no todos los que participan tienen la misma sensación, aunque sí vivan la misma experiencia.

En los últimos 18 meses las empresas y con ellas sus trabajadores, sus cadenas de valor, sus clientes y las comunidades en las que se ubican han tenido la sensación de estar en una suerte de montaña rusa en la que no todos han experimentado la situación generada por la pandemia de la misma forma pero sí han tenido la sensación de que el mundo les llevaba muy deprisa a otro lugar.

De estos  meses nos queda la constatación de que estamos viviendo en un escenario multicrisis, en el que se unen y se retroalimentan la crisis sanitaria, la económica, la social y la medioambiental. Pero también hemos experimentado respuestas sin precedentes de empresas y personas que han aportado lo mejor que tienen para tratar de frenar esas crisis o al menos paliar sus efectos.

Las empresas tienen un papel primordial en la generación de riqueza muy especialmente en aquellos lugares en los que se ubican. La empresa es un ciudadano de ese territorio y, como tal, su actuación tiene enorme repercusión en la comunidad. La relación de la empresa con la comunidad se está convirtiendo en los últimos tiempos y especialmente desde el inicio de la pandemia en una enorme oportunidad de conocimiento, generación de oportunidades de negocio, fortalecimiento de marca, etc.

En España, con relación a los países de nuestro entorno, tenemos aún camino por recorrer en las oportunidades y herramientas a disposición de la empresa para fortalecer el desarrollo local y las relaciones con la comunidad en los territorios en los que desarrolla su actividad.

Entre las múltiples opciones para ello, se encuentran las fundaciones comunitarias que son una forma innovadora y eficaz de canalizar la responsabilidad social de las empresas en los territorios en los que trabajan.

Estas fundaciones se caracterizan por ser realmente locales y colaborativas, lo que da a la empresa un lugar en el que entrar en contacto con otras entidades clave del territorio.  Son expertas en impacto territorial real, pudiendo asesorar a la empresa para que su RSE o su acción filantrópica tengan un impacto social real, podemos decir que facilitan la inversión social de impacto local rentable y eficiente.

Las fundaciones comunitarias abren también oportunidades para la retención del talento, mediante oportunidades de voluntariado o de programas de ayudas en las que la empresa y los trabajadores se involucran apoyando a organizaciones sociales que resuelven problemas reales que afectan a la comunidad.

Las empresas que, de la mano de fundaciones comunitarias actúan para mejorar la vida de las personas, mejoran su visibilidad y su imagen de marca.

En España existen ya ocho fundaciones comunitarias pero es el momento de seguir constituyendo más, de no perder la inercia de solidaridad que las ciudades, pueblos y barrios han vivido desde el inicio de la pandemia y de fortalecer los vínculos con la comunidad para crear organizaciones que incrementen la resiliencia de nuestra sociedad.

La Asociación Española de Fundaciones ha lanzado un programa para ayudar a aquellas personas interesadas a constituir fundaciones comunitarias. El plazo de presentación de candidaturas finaliza el 13 de octubre de 2021. Toda la información está disponible en:

II Convocatoria del Programa de apoyo a la creación de Fundaciones Comunitarias