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La emergencia sanitaria y la emergencia social nos ha pillado de improvisto. Hace años que el Word Economic Forum viene prediciendo un incremento de los riesgos climáticos y pandémicos con una mayor probabilidad de impacto en las sociedades actuales, pero, aun así, no hemos sido capaces de anticiparnos y prever dichos riesgos.

En el lenguaje de sostenibilidad podemos decir que hemos sufrido un shock ESG, que repercute en todos los sectores. Este escenario, sin duda, nos ha hecho replantearnos muchos procedimientos y las compañías estamos en un proceso de constante aprendizaje para tener en cuenta estos riesgos,  no sólo pandémicos como es el caso de nuestro días, sino los grandes riesgos que se avecinan más lentamente como el cambio climático, que aunque lleva décadas avisando, nos volverá a sorprender y será el de mayor impacto al que posiblemente nos enfrentemos ya que de él dependerá no sólo el futuro de nuestra especie sino el futuro del planeta.

Vivimos en una sociedad globalizada, en constante cambio, con movimientos migratorios continuos hacia los países ricos y sin conflictos, con un modelo de consumo que crece de manera exponencial en todo el planeta y con un modelo industrializado deslocalizado y que claramente se está desplazado por costes de producción a zonas emergentes que, a su vez, están tomando el relevo de la envejecida Europa en muchos otros ámbitos.

Después de superar la crisis financiera de 2012, ocasionada por una falta de liquidez en el sistema financiero y restricción del crédito, pensábamos que se avecinaban años de crecimiento económico, hasta que el COVID 19, del que todavía poco sabemos, nos ha hecho darnos cuenta de que más allá de las luchas de poder y de las tiranteces entre países, todos están conformados por seres humanos, ciudadanos de carne y hueso y vulnerables ante este virus. Estamos siendo testigos, a nivel mundial, de cómo un solo factor en esta ecuación ha sido capaz de paralizar de forma muy cruda nuestra forma de vida, nuestra economía y nuestras proyecciones futuras.

Pero a su vez, esta crisis nos ha demostrado que somos capaces de adaptarnos, de que nuestra especie es luchadora y sobre todo de que somos solidarios. Gobiernos, empresas y ciudadanos hemos conseguido contestar al unísono y reaccionar a las necesidades de cada momento.

Hemos sido solidarios al quedarnos en casa, hemos sido solidarios ofreciendo nuestros servicios y productos a través de distintos canales, hemos sido solidarios al adaptar nuestras fábricas y su producción a nuevas necesidades, hemos sido solidarios al movilizarnos para ayudar el sistema sanitario y extender la atención social a los que más lo necesitaban en estos duros momentos.

Desde Bankia hemos puesto en marcha iniciativas de anticipación de prestaciones de desempleo y de pensiones, realizado adecuación de préstamos hipotecarios y de créditos al consumo en condiciones más ventajosos que las que nos exigía la ley, ofreciendo líneas de financiación de circulante o concesión de financiación puente y puesto a disposición de un millón de pensionistas, los más vulnerables en esta crisis, la posibilidad de recibir asistencia médica, psicológica y logística, mediante servicios de compra gratuitos. Hemos flexibilizado los horarios y adecuado medidas de protección, conciliación y de teletrabajo para nuestros empleados con gran celeridad, todo ello gracias al compromiso y profesionalidad de nuestros equipos.

Ahora nos toca a todos adaptarnos a la nueva normalidad, que de normalidad nunca será como la auténtica, la que habíamos vivido hasta ahora. Y lo haremos de la mejor forma, como sabemos hacerlo, con esfuerzo, trabajo y tesón.

La cohesión social es una de las cuestiones más importante en estos momentos, porque si no caeríamos en el caos y el conflicto, también lo es mirar al futuro y saber el país y la Europa que necesitamos. La Comisión Europea está marcado una hoja de ruta para reavivar la economía postcovid, pero que también va unida a una Europa más verde, más sostenible y con menos desequilibrios sociales. Aprovechemos este momento para construir entre todos los agentes sociales esta Europa.

Las entidades financieras tenemos un papel crucial en esta situación, ya sea como financiadoras de la recuperación económica de las familias, empresas y pymes, así como impulsores de la financiación de proyectos que promuevan una economía baja en carbono y sostenible.

Un ejemplo de este compromiso es nuestra adhesión a los Principios de Banca Responsable y al Compromiso Colectivo de Acción Climática de Naciones Unidas que representa un antes y un después al asumir públicamente la alineación de nuestros objetivos como empresa con los compromisos del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Por tanto, ha llegado el momento de que las empresas reaccionemos también a esta emergencia climática y seamos innovadores y flexibles, para ofrecer a nuestros clientes, productos y servicios que se adapten a sus necesidades y que, a su vez, cumplan con los requisitos ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) que nos hemos marcado como sociedad.

Se avecina una nueva normalidad, en la que tendremos que actuar con prudencia y seguridad, pero quizás sea también una oportunidad para consolidar nuevas formas de trabajo, nuevas formas de relación con los clientes y se abra un abanico de nuevas posibilidades para satisfacer a nuestros grupos de interés, pero siempre sin olvidar que ha de ir de la mano de la transparencia y el buen gobierno.