Del compromiso a la decisión: gobernar la sostenibilidad para crear valor
  • Severiano Solana, director de Estrategia y Seguimiento de Sostenibilidad de CaixaBank, repasó en ESG Spain 2026, en conversación con Jaime Silos, director de Desarrollo Corporativo de Forética, cómo ha evolucionado la sostenibilidad dentro de la entidad, y defendió que hoy ya no depende de la regulación ni de una palabra de moda, sino de un argumento puramente económico: la financiación sostenible que ha movilizado CaixaBank creció un 60% en el primer semestre del año.

Preguntado por Silos sobre cómo ha visto CaixaBank la evolución de la sostenibilidad, Solana empezó reconociendo un exceso: el concepto ha atravesado muchos movimientos y también un notable abuso de la propia palabra, hasta llegar a un punto en el que una empresa que no pudiera presentarse como sostenible corría el riesgo de quedar fuera del mercado. Frente a esa inflación del término, fue tajante al señalar que los problemas sociales o medioambientales que hay detrás no van a desaparecer por el simple hecho de que se deje de usar la palabra «sostenibilidad» — el reto de fondo permanece, se llame como se llame. Para Solana, hay dos elementos que deben estar siempre sobre la mesa a la hora de entender hacia dónde se dirige este proceso: la tecnología y la economía, que aportan, a su juicio, la certeza más clara sobre el rumbo que va a tomar el mundo, y en torno a los cuales empresas y particulares están ya anclando sus esfuerzos futuros.

La conversación dio paso a un ejercicio más desenfadado cuando Silos le preguntó qué personaje representaría mejor la regulación de sostenibilidad. Solana manejó dos opciones contrapuestas: Don Quijote, recordando el consejo que el hidalgo dio a Sancho antes de gobernar su ínsula —pocas normas, pero que se cumplan—, o Greta Thunberg, con su célebre «how dare you» como reproche a quienes no han sabido supervisar el medio ambiente. Para CaixaBank, sin embargo, ninguno de los dos define ya la situación actual: a día de hoy, defendió Solana, la regulación ha dejado de ser la palanca que realmente impulsa este proceso. A su juicio, el marco regulatorio ha resultado en muchos casos impotente, y en ocasiones desordenado, pero más allá de sus vaivenes, son las propias empresas las que deben tomar sus decisiones apoyándose en el nuevo modelo energético, con independencia de cómo evolucione la norma.

Fue entonces cuando Solana introdujo un tercer personaje, distinto a los que había planteado Silos:

«Hay un personaje que no has mencionado: la rana Gustavo, de Barrio Sésamo. No es nada fácil ser verde», afirmó, en una de las imágenes más celebradas de su intervención para resumir lo costoso que resulta, en la práctica, sostener el compromiso ambiental frente a la comodidad de no hacerlo.

La parte final de la conversación giró en torno a la vigencia del business case de la sostenibilidad, y ahí Solana fue especialmente concreto. Explicó que la relación de CaixaBank con sus clientes se construye desde lo que la entidad mejor sabe hacer: plantear proyectos que sean, a la vez, rentables y sostenibles, sin presentar ambos objetivos como contrapuestos. Para respaldarlo, aportó dos cifras. La primera, sobre movilización de finanzas sostenibles: en los seis primeros meses de este año, CaixaBank movilizó 35.000 millones de euros en este ámbito, un 60% más que en el mismo periodo del año anterior. La segunda, sobre la propia cuenta de resultados de la entidad: un 19,5% de los ingresos de CaixaBank proceden ya de productos que llevan detrás un componente de sostenibilidad. Con estos datos, Solana quiso dejar clara la naturaleza del cambio que describía:

«Estamos hablando de una transformación no vinculada a lo ecológico o como queramos llamarlo, sino a un puro elemento de competitividad basado en economics», concluyó.

La intervención conecta con una idea que recorrió buena parte de la jornada de ESG Spain 2026: más allá de etiquetas y marcos regulatorios cambiantes, la sostenibilidad se sostiene hoy sobre todo por su capacidad de generar negocio rentable — y, como resumió Solana con humor, aunque nunca ha sido fácil ser verde, cada vez compensa más serlo.

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