- Cuatro compañías de sectores muy distintos —bebida, restauración, turismo y distribución— coincidieron en ESG Spain 2026 en una misma conclusión: la agenda ambiental ha dejado de ser una cuestión de reputación para convertirse en una decisión de negocio con impacto directo en la resiliencia y el crecimiento. Carmen Gómez-Acebo (CCEP Iberia), Paloma Cabral (McDonald’s España), Patricia Dueñas (Iberostar) y Cristina Sánchez (Leroy Merlin España) compartieron mesa, moderada por Camila Kauer, senior manager de Forética, para explicar cómo el agua, la economía circular, la biodiversidad y la acción climática se han instalado ya en sus comités de dirección.
Gómez-Acebo explicó que en CCEP Iberia la sostenibilidad no es una cuestión de narrativa sino de evolución real del negocio: los retos climáticos —el cambio climático, el acceso al agua, los envases y la biodiversidad— afectan directamente a la operativa, por lo que el foco actual de la compañía está en ejecutar los planes ya en marcha, entendiendo que las decisiones ambientales son, en realidad, decisiones empresariales con visión de futuro. Identificó el agua como el ingrediente principal y el recurso más preciado del planeta, precisamente por su escasez y por el aumento del estrés hídrico, y explicó que la prioridad de la compañía no es solo reducir el agua que se usa en planta, sino garantizar que esté disponible para toda la comunidad —operaciones, cadena de suministro y territorio— porque, como resumió:
«Una empresa no puede crecer y ser resiliente si no tiene una sociedad y una comunidad resiliente», afirmó Gómez-Acebo.

La estrategia de CCEP Iberia se apoya en tres pilares: proteger las cuencas hidrográficas que nutren sus operaciones, hacer más eficiente el agua que utilizan y asumir la corresponsabilidad de devolver a la naturaleza el agua que embotellan, a través de proyectos ambientales. La compañía monitoriza el ratio de consumo de agua en sus plantas en tiempo real, y ha puesto en marcha once proyectos ambientales en colaboración con entidades que conocen cada territorio. El resultado, según los datos que compartió: en 2025 la compañía devolvió el 162% del agua que embotelló, el equivalente a 4,6 millones de metros cúbicos devueltos a la naturaleza entre ahorro y restitución directa.
Paloma Cabral trasladó desde McDonald’s España una lectura similar sobre la evolución del discurso de sostenibilidad: no ha cambiado, sino que ha madurado. La directiva defendió que la sostenibilidad ha dejado de ser solo relevante para convertirse en estratégica, y que actúa como una palanca de crecimiento del negocio, hasta el punto de que la existencia de un mercado de talento especializado en sostenibilidad en España es, en sí misma, una prueba de esa importancia. Cabral explicó que la compañía lleva años incorporando datos a su narrativa para demostrar con evidencias la ventaja competitiva de invertir en información de sostenibilidad, y señaló un cambio de fase: de proyectos centrados en medir y reducir recursos, se ha pasado a una gestión profesional y a la optimización de esos mismos recursos, un salto que ha llevado estos temas directamente a los comités de dirección. En sus propias palabras:
«La narrativa no ha cambiado, ha evolucionado: se ha profesionalizado y forma parte, igual que la estrategia de compras, de la estrategia natural de las empresas», sostuvo Cabral.

Patricia Dueñas situó el origen de la estrategia ambiental de Iberostar en el corazón mismo de la compañía: un grupo hotelero familiar español cuya propuesta de valor está vinculada al océano, y desde cuya protección nació su estrategia de sostenibilidad. Esa agenda, explicó, se construyó desde el origen sobre una base sólida y científica, con la convicción de que los hoteles pueden contribuir a proteger los ecosistemas en los que se ubican, y de que esa protección revierte directamente en su propia resiliencia. Hoy, ese planteamiento se ha convertido en un movimiento que integra siete áreas de trabajo —entre ellas economía circular, naturaleza y acción climática—, reconociendo que se trata de temas interrelacionados que deben abordarse de forma conjunta. Dueñas subrayó que la agenda ambiental de Iberostar está ya integrada en cómo se diseñan, operan y gestionan los hoteles, y en cómo se toman las decisiones de inversión, con el respaldo de más de treinta científicos y expertos técnicos que guían la hoja de ruta y apoyan su implementación real. Insistió además en la necesidad de un enfoque colaborativo, ya que la naturaleza trasciende los propios hoteles e integra los destinos donde operan, dando lugar a proyectos conjuntos que resuelven carencias de infraestructura y aportan soluciones escalables para todo el territorio. Como resumió:
«La agenda ambiental no es solo ambiental, es estratégica, es económica, es social», defendió Dueñas, situándose como palanca para avanzar hacia un turismo positivo.

Cristina Sánchez cerró la mesa con la perspectiva de Leroy Merlin España, y arrancó por la gobernanza: la compañía elevó su dirección de Impacto Positivo al comité ejecutivo, para garantizar que la sostenibilidad esté integrada en los máximos órganos de decisión. Compartió una batería de resultados concretos —el 100% de sus tiendas funciona ya con energía verde, la compañía está cerca de alcanzar una tasa de reciclaje de residuos del 90% y ha reducido un 30% las emisiones de CO2 de toda su cadena logística—, pero fue clara al señalar que la compañía se encuentra ahora en un momento en el que hay que ir más allá de esas cifras. Para Sánchez, la competitividad exige que la sostenibilidad sea una palanca real de transformación del modelo de negocio, capaz de responder a las necesidades de los clientes y de los hogares del futuro:
«Para nosotros la competitividad supone que la sostenibilidad tiene que ser una palanca de transformación del modelo de negocio», afirmó.

La directiva aportó dos datos para justificar ese giro hacia el hogar como espacio de acción climática: según un informe de la OCU, tres de cada cuatro españoles ya han comprado algún producto de segunda vida, y los hogares europeos representan el 35% de las emisiones y el 40% del consumo de energía primaria del continente. Sánchez advirtió de que, como ciudadanos, existe la tendencia a pensar que el cambio climático es un asunto que corresponde resolver a las energéticas y a los gobiernos, sin ser plenamente conscientes de que desde los propios hogares hay una labor decisiva que hacer para avanzar hacia una Europa descarbonizada.
Las cuatro intervenciones dibujaron un mismo patrón, pese a partir de sectores muy distintos: la agenda ambiental ya no se mide solo en impacto reducido, sino en resiliencia construida — de las cuencas hidrográficas a los destinos turísticos, y de la cadena logística a los propios hogares de los consumidores.




