- Luis Lancha, miembro del Board de FERMA, planteó en ESG Spain 2026 un cambio de paradigma en la gestión del riesgo climático: pasar de hablar del riesgo como una amenaza a entender la resiliencia como una fuente de valor. Su intervención presentó Open Sesame, la iniciativa impulsada junto a WBCSD para traducir la adaptación climática a un lenguaje financiero común, capaz de convertirla en una decisión de capital tan sólida como cualquier otra.
Lancha arrancó constatando una paradoja: existe ya una conciencia notable sobre los riesgos climáticos, pero esa conciencia no se traduce en decisiones concretas sobre qué hacer, cuándo y cómo. A su juicio, el obstáculo de fondo es cultural y también técnico —la resiliencia sigue percibiéndose en las organizaciones como un coste que hay que asumir, y no como una oportunidad que hay que capturar—. El problema, explicó, no es la falta de conocimiento sobre las consecuencias de no actuar, sino la ausencia de un lenguaje financiero común que permita desplegar esas acciones con el mismo rigor con el que se evalúa cualquier otra inversión empresarial.
Para resolver esa brecha, Lancha defendió la necesidad de conectar tres elementos que hoy conviven en compartimentos separados: la exposición al riesgo, la financiación disponible y el valor que efectivamente se protege al reducir esa exposición. La pregunta que planteó como punto de partida fue directa:
«¿Cómo convertir la resiliencia en una decisión sólida de capital?», afirmó Lancha, situando esa pregunta como la esencia misma del proyecto Open Sesame, cuyo objetivo es traducir el riesgo climático y la adaptación a términos financieros comprensibles, comparables y fiables entre distintas organizaciones y sectores.

El directivo ilustró el cambio de enfoque con un ejemplo muy concreto: frente a la afirmación tradicional de que una instalación o un activo tiene una exposición elevada al riesgo climático, Open Sesame busca poder decir que invertir una cantidad determinada reduce esa exposición en un número concreto de euros, evita unas pérdidas estimadas y protege un valor cuantificable. Cuando la resiliencia se expresa en esos términos financieros, sostuvo, deja de ser una cuestión meramente técnica de sostenibilidad para convertirse en una conversación de negocio de pleno derecho.
Lancha desglosó las cuatro ideas que articulan el proyecto: primero, mejorar la consistencia de los modelos de exposición climática, hoy dispersos y poco comparables entre sí; segundo, ser capaces de demostrar con precisión qué pérdidas concretas evita cada acción de reducción de riesgo; tercero, utilizar métricas financieras ya asentadas en el mundo de la inversión —como el VAN, la TIR o el ROI— para traducir la resiliencia al lenguaje que ya manejan los comités de inversión; y cuarto, garantizar el acceso a la financiación a través de indicadores verificables, incluyendo la taxonomía europea y los bonos verdes. La lógica que resume todo el proyecto, según explicó, es sencilla de enunciar aunque compleja de ejecutar: hay que medir para poder demostrar, y valorar para poder financiar.
Desde su posición como gestor de riesgo, Lancha reivindicó un papel esencial para esta figura dentro de las organizaciones: la capacidad de conectar la estrategia empresarial con el mundo financiero y con la gestión del riesgo, especialmente en el ámbito climático, donde estos tres lenguajes rara vez han dialogado entre sí de forma sistemática. Cerró su intervención con una reformulación de la pregunta que las empresas deberían hacerse:
«Las empresas no deben preguntarse solo cuánto cuesta invertir en riesgo, también cuánto valor está en riesgo si no lo hacemos — y un paso más allá, cuánto valor podemos proteger si somos capaces de medirlo», concluyó Lancha.

Con esta hoja de ruta, Open Sesame aspira a desbloquear una cadena completa de valor: del riesgo a la inversión en resiliencia, y de esa inversión al valor protegido y a la competitividad — una secuencia que, según Lancha, puede convertir la gestión del riesgo climático en una palanca financiera más dentro de cualquier organización.